JUVENTUD EN ÉXTASIS (Cap. 3)

 1. Sustantivos 2. Adjetivos 3. Pronombres 4. Verbos. 5. Adverbios 6. Conjunciones 7. Preposiciones

NOTA: (Se han señalado pronombres indefinidos)

USO CORRECTO DE: b”, “v”, “ll”,” y”, ”s”, ”c”, ”z” y “h

LOS TRES PILARES DEL AMOR

Imagina que sobre una mesa triangular sostenida por tres patas vas a intentar construir un

enorme castillo. No te atreverías a pararte encima de esa mesa sabiendo que una de sus

patas está rota, ¿o sí? Y mucho menos te atreverías a subir en ella a tu cónyuge y a tus hijos.

Pues entonces revísalas hoy; la carencia o debilidad de un PILAR hará que tu vida amorosa

se desmorone tarde o temprano provocando un doloroso desenlace...

El amor trascendente tiene tres características fundamentales. Sólo tres:

Primer Pilar: Intimidad Emocional

Ésta se da únicamente mediante comunicación profunda al compartir sin arreglos ni

selecciones todos los sentimientos; al hablar con el corazón; al exteriorizar dudastemores,

ambicionessueñospreocupacionesalegríaspenas; al confesar los yerros del presente y

del pasado; al descubrir ante la persona amada el lado oculto (y desconocido por otros) de

nuestro ser La intimidad emocional es confianza absolutacomplicidad, integración,

alianza. Cuando ésta existe, se interpreta rápida y correctamente el lenguaje corporal, se

detecta el verdadero estado de ánimo del compañero (desapercibido para los demás) aunque

no haya vocablos de por medio. Y cuando se usan las palabras se hace de una forma única y

especial, en un nivel de fraternidad distinto al que se da en la comunicación con el resto de

la gente. Las riñas se disuelven cuando aún son incipientes

porque al discutir se procura no causar daño, no herir. La "verdad" es el común

denominador entre dos personas con intimidad emocional. En su trato la autoestima de

ambos se ve grandemente favorecida pues saben darse su lugar el uno al otro, saben

demostrarse aprecio y confianza sin límites. La comunicación profunda les permite no

volver a sentirse solosle da sentido a su mundo interior, propicia la formación de un universo

exclusivo y, finalmente, cuando se alejan, ambos piensan y hablan bien de su pareja.

Este último punto es un barómetro interesante pues, aunque puedas fingirle cariño a alguien,

en la soledad  sabes muy bien qué es cierto y qué no lo es. De modo que si al alejarte

físicamente de tu novio o novia priva en ti la sensación de lejanía emocional, si al no estar a

su lado juzgas a tu pareja como tonta, inmadura torpesi estando a solas te ríes un poco de

su recuerdo y, en ocasiones, hasta compartes esa burla con tus amistades o familiares, no

existe en absoluto intimidad emocional.

Millones de matrimonios pasan la vida sin verdadera intimidad; platicando únicamente

sobre asuntos superficiales y vanos: los niños, el trabajo, los problemas de la casa, la economía...

Por ocuparse de lo evidente olvidan lo fundamental. Su relación de pareja se

desvanece, se pierde.

Se dice que los hijos unen al matrimonio, pero esto, en muchos casos, es una gran mentira.

Los hijos producen distracción y funcionan para los cónyuges como excelente excusa para

evadirse mutuamente: ahora tienen problemas nuevos en qué entretenerse. Al nacer los

niños, surge una aparente integración conyugal, pero es forzada, y cuando los hijos crecen y

se van se dan cuenta de que lo que los mantuvo unidos durante todos esos años eran los

circunstanciales vástagos. Entonces (¡qué ridículo e incoherente!), después de sacar adelante

un hogar con sacrificios, después de toda una vida compartida, al hallarse a solas prefieren

divorciarse física o mentalmente. Jamás hubo intimidad emocional. Su unión fue vacía,

falsa, fingida. Un hermoso teatro que tenía como finalidad hacer creer a los demás que se

amaban.

Detuve la lectura impresionado por la fuerza de esas palabras. Dhamar y yo nos sentíamos

relajados cuando conversábamos. Eso tal vez era un indicio de comunicación profunda, un

viso de naciente intimidad emocional.

Me sobrecogió el deseo de conocer y evaluar los otros dos "pilares". Sin embargo, al

levantar la vista, un detalle proveniente de la casa de Joana me perturbó: alguien había

encendido la luz exterior... Consideré que tenía la obligación de bajarme para volver a tocar

la puerta, pero opté por postergarla con la excusa de primero terminar la lectura del artículo.

Me hundí en el asiento del automóvil para seguir leyendo.

Segundo Pilar: Afinidad Intelectual

Las personas no están hechas sólo de emociones, están hechas también de IDEAS. Para

nutrirse con los pensamientos de otro se requiere de una correspondencia intelectual capaz

de permitir puntos de vista complementarios. Las personas pueden tener la capacidad de

comunicarse íntimamente, pero si no poseen una forma similar de raciocinio respecto a los

conceptos fundamentales como el trabajo, los valores, la religión, el sexo. la educación de

los hijos, el tiempo libre, la organización familiar, etcétera, si no se enriquecen mentalmente

durante su convivencia, terminan excluyéndose, el uno al otro, de gran parte de sus

actividades. Pocas cosas alimentan más la llama del cariño que aportar ideas valiosas,

desapercibidas para el otro.

En la medida en que alguien se ame a sí mismo podrá amar a su pareja, y la autoaceptación

es un concepto que se da en la mente. Sólo siendo maduro intelectualmente es posible

aceptar la individualidad e independencia del compañero, evitar los celos, el egoísmo, la

posesión. Sólo con el juicio sereno y claro se es capaz de perdonarceder, dar otra

oportunidad, aceptar los errores y estar dispuesto a permitir imperfecciones.

En el cerebro adulto nace el sentido de compañerismo y fidelidad. La moral verdadera no es

producto de prejuicios sino de razonamiento inteligente. El grado de desarrollo espiritual se

relaciona con la madurez. Todos estos puntos deben tener correspondencia entre las dos

personas.

La pareja con afinidad intelectual tiene muchas cosas que compartir; lleva un ritmo de

lectura similar, de estudio parecido, de trabajo creativo coincidente, se supera en

armonía, crece y se ayuda recíprocamente.

Los novios que son capaces de estudiar y hacer sus trabajos de verdad (no como una

excusa para terminar revolcándose) son mucho más fuertes en su relación que los

demás.

En ese momento escuché el sonido de un claxon que me hizo brincar. Un coche antiguo

se había detenido detrás, a tres metros, con las luces encendidas. Pasados varios

segundos, la madre de Joana salió de la casa para abrir el garaje. El auto viró enfilándose

a la cochera, rozando la salpicadera del mío. Un tipo gordo salió a cerrar el portón.

Volví a tomar la revista. "El primer pilar del amor tiene que ver con la comunicación y

el segundo con la similitud de ideas", me dije en voz alta para tratar de ignorar el

nerviosismo que me causaban las circunstancias. "Sólo me falta leer un tema. Lo haré y

después ya veremos."

Tercer Pilar: Atracción Química

Si tienes con tu pareja intimidad emocional, puedes decir que es TU AMIGA; si además

se complementan en ideas, puedes considerarla TU COMPAÑERA. Pero falta un último

punto indispensable para anudar el lazo del amor: también debe poder llegar a ser TU

AMANTE. Esto se consigue con la atracción química. Y no me refiero al gusto corporal,

pues es frecuente considerar hermosa a una persona sin sentir ningún interés por ella. La

apariencia es algo superficial y vano. Lo que enciende el magnetismo entre dos

individuos no es un fenómeno físico sino químico. Sólo se da entre algunos. Tal vez no

se trate de gente bonita, pero la química les permite ver más allá de lo visible y arder

con la belleza que sólo ellos detectan. Cuando hay este tipo de hechizo, a las personas

no les importa lo que los demás piensen respecto al físico de su pareja. Se sienten a

gusto juntos porque se atraen realmente. Se besan y se tocan con gran espontaneidad,

con verdadera pasión. Hay esa magia que los impulsa a estar cerca, el agrado mutuo

producido por la voz, las acciones, el andar, la legitimidad, la forma especial y única de ser

del otro. Finalmente, no pueden evitar esa gran identificación sexual que se da, simplemente,

sin que ellos lo planeen. Si descubres una afinidad química NATURAL con tu pareja, lucha

por conservarla. No basta con que aparezca al principio. Hay que evitar que se pierda con el

paso del tiempo. Muchos casados se descuidan, comienzan a convivir mal vestidos y

malolientes, permitiendo que se apague entre ellos la llama de la pasión. Sonreí. Al menos

estaba completamente seguro de que ese

punto existía entre Dhamar y yo. Quedaba un pequeño epílogo en

el artículo. Lo leí ávidamente.

En conclusión

El hombre está formado de EMOCIONES-INTELIGEN-CIA-CUERPO. Los tres pilares del

amor. La pareja debe tener conexión adecuada en cada uno.

Antes de casarte haz un análisis minucioso de ellos. Si ya eres casado, revisa las grietas que

puedan tener.

Al hallar algún problema detente y analízalo con tu pareja. Luchen juntos por solucionarlo;

no lo minimicen porque tarde o temprano la plataforma en que están parados se caerá por

ese lado.

Ahora, recuerda que la relación se hace ENTRE DOS. Nadie puede rendir consideraciones a

una persona que no las devuelve de la misma forma. Entre el hombre y la mujer se necesita

la cooperación mutua. Una entrega que no es correspondida se convierte en suplicio. Los

tres pilares no son para que los analices a solas sino en conjunto. Si tú crees que sientes

pasión por alguien, si crees que te identificas emocional o intelectual mente y la otra

persona no cree lo mismo de ti, no hay nada. Sc trata de una idealización, de una relación

falsa. La intimidad emocional sólo existe a! COMPLETAR EL CÍRCULO de una

comunicación profunda; el desarrollo intelectual es un ÍNTER CAMBIO de valores mentales

de los dos. La atracción química verdadera sólo se da cuando se combinan las vibraciones

de AMBOSSi crees estar enamorado pero mal correspondido, despreocúpate y olvídalo. No se

traía de amor. Sólo es un capricho, un invento tuyo que terminará destruyéndote si ie aferras a

él...

Levanté la vista y me quedé mirando la casa de Joana por varios minutos. ¡Qué

conceptos equivocados había albergado! Esto representaba una dimensión superior, un

páramo fascinante que estaba saliendo a la luz de mis ojos después de un largo camino

en mueblas. Ahora comprendía lo que quiso decirme Dhamar con eso de "Te

recomiendo el artículo de LOS TRES PILARES DEL AMOR. Vale la pena no sólo leerlo

sino estudiarlo. Es algo básico que deberían tomar en cuenta todas las parejas antes de

comprometerse ".

Apagué la luz interior del coche y guardé la revista debajo de mi asiento como si fuese un

tesoro. La había leído; posteriormente la estudiaría.

Una descarga eléctrica me hizo volver en mí al momento en que vi llegar el coche de

Joaquín, con él al volante. En el asiento contiguo venía Joana. ¡De modo que ya no

necesitaba que yo la protegiera de su perverso querido!

La pareja se abrazó para despedirse. Pensé que si ya habían satisfecho su libido por ese día

la separación sería rápida. No me equivoqué. Joana bajó de la carcacha y corrió a su casa

sin volver la vista. Joaquín se esfumó de inmediato.

Bajé de mi auto y caminé de prisa con la esperanza de que ella me abriera. No toqué el

timbre, golpeé la puerta con una moneda. El perro ladró enloquecido.

-¿Quién es? —preguntó ella desde el interior.

-Efrén Alvear —contesté.

La puerta se abrió un poco y Joana salió cuidándose de no dejar escapar al animal.

-¿Cómo estás? —me tendió la mano y quiso darme un beso en la mejilla, pero me separé.

—Vengo a que me expliques lo que pasa. Tus padres hablaron con mi mamá y fuiste tú

quien los llevó a mi domicilio. ¿De qué se trata? ¿Te debo algo?

—La mujer es mi madre. El hombre no es nada mío. Vive con ella. Es un tipo agresivo.

Descubrió los resultados de unos análisis que me hice y me obligó a que le dijera quién me

había contagiado sífilis... No pude negarme.

La sangre se me subió a la cabeza.

Yo nunca te contagié sífilis. Tú la tenías mucho tiempo antes de que nos conociéramos;

me di cuenta por el salpullido de tu piel; tal vez te enteraste al hacerte los análisis gracias a

mi recomendación, pero no me culpes de ello.

—Es lo mismo. Tú también estabas infectado de algo. Además, has sido muy descortés.

Cuando te pedí ayuda me la negaste y a cambio me advertiste que por haberte acostado

conmigo habías adquirido derechos sobre mí, que, aunque yo no lo quisiera, me ibas a

seguir deseando y persiguiendo. ¿O ya no lo recuerdas?

—Sí, pero...

—Por si fuera poco —me interrumpió—, tengo varios días de retraso y no sé si es por causa

tuya...

Sentí un terrible mareo. ¡No otra vez, Dios mío! ¡No, por favor...!

—Eres una ramera asquerosa —murmuré.

—¿Qué dijiste? —se echó el cabello hacia atrás en un movimiento brusco y me miró de una

forma terrible—. A mí nadie me insulta, ¿me oyes? Hablaré con el amigo de mi mamá para

que te dé una lección —su actitud amenazante me asustó.

Crispé los puños aguantando la rabia superlativa. Di media vuelta, caminé a mi auto y

arranqué de inmediato. Observé a Joana por el retrovisor despidiéndose de mí con una seña

obscena.

Llegué a mi casa pasadas las diez de la noche. Desde la sala no se escuchaba sonido alguno,

pero yo sabía que mi madre estaba en su habitación esperándome...

Subí directamente y toqué la puerta.

—Pasa —me dijo.

—¿Querías verme antes de dormir?

—Sí —dejó a un lado el libro que tenía en las manos, se quitó los anteojos de lectura y

añadió con gravedad—: Siéntate.

Obedecí despacio, cargado de ansiedad y expectación. Mi madre jamás me invitaba a

dialogar así. Era una mujer práctica, de pocas palabras y fue directa al grano:

—Vinieron a verme los padres de esa joven llamada Joana —hizo una pausa para estudiar

mi expresión, pero yo estaba sereno—. Trataron de intimidarme. Dijeron que habías

seducido a su hija y que le habías contagiado sífilis.

—¿Está embarazada?— me oí preguntar con serenidad.

—Aún lo ignoran, pero vinieron a advertirme que de estarlo tendrías que responder... o que

te costaría muy caro...

¿Responder? ¿Se referían acaso a que debía casarme con esa zorra? ¿Podían atreverse los

padres de hoy a criar prostitutas y a cambio exigir decencia?

—¿Sabes, Efrén? —dijo mamá después de un rato—. Estoy harta de la gente prepotente y

pedante que le gusta amenazar...

Me quedé viendo la expresión triste de mi madre. ¿Quién la había amedrentado al grado de

que estaba harta de elloYo solía criticarla cruelmente, pero en ese momento estaba

cayendo en la cuenta de que en realidad no la conocía.

Volví a tomar asiento.

—¿Y ya te atendiste?

—Sí... No te preocupes. Hallé la tarjeta de un excelente doctor en tu libreta. El jefe de

Dhamar. Nunca tuve sífilis, pero de cualquier modo él me revisó.

Noté que se turbaba al escuchar eso. El doctor Marín era un terapeuta a quien mi madre

posiblemente consultó alguna vez por algún problema sexual.

—¿Y con Dhamar también tienes relaciones?

—Todavía no...

—Pero piensas tenerlas, ¿verdad?

—Mamá, son épocas distintas a las que tú viviste. Ahora hay menos prejuicios. Además,

quiero que sepas que no voy a volver a tener sexo por simple placer. Eso lo aprendí del

doctor Marín y de muchas experiencias desastrosas. De ahora en adelante sólo me entregaré

físicamente a una mujer si existe amor de por medio. Y eso cambia las cosas, ¿no es cierto?

Date cuenta de que ya no soy un niño.

Mi madre movió la cabeza negativamente en señal de desacuerdo.

—Ten cuidado, Efrén. Tu deseo es normal y acostarte con una mujer también lo es. Pero no

hablo del qué sino del cómo y del cuándo... Satisfacer una necesidad legítima por una vía

equivocada o en un momento inoportuno puede traer malas consecuencias para ambos.

—¿Malas consecuencias? —me reí de ella—. ¿Como cuáles? Estoy enterado de todo lo que

puede pasarme y, habiendo amor, estoy dispuesto a correr los riesgos.

—¿Ah, sí? —me desafió—. ¿Y qué consideras lo peor que podría pasarte?

—Que por medio de amenazas y chantajes me obligaran a unir mi vida a la de una mujer a

quien no amo. Joana, por ejemplo.

Sonrió irónicamente.

Hay algo mucho peor, Efrén. Algo que ni siquiera te ha pasado por la cabeza —hizo una

pausa mirándome con fijeza antes de concluir—: Unirte voluntariamente a una persona a

quien, gracias a las maravillosas experiencias físicas que has pasado a su lado, crees

amar... hizo una nueva pausa para tomar fuerzas, y culminó—: En la juventud el sexo es

algo tan novedoso y fascinante que enajena a las parejas haciéndolas perder la razón. No

hay nada más terrible que jurarle amor eterno a alguien mientras se arde en las -

enloquecedoras sensaciones de un cuerpo excitado. Es mentira. La mente está desorientada,

confundida. El amor no tiene nada que ver con ese apasionamiento efervescente que

acompaña al sexo...

—¿Y tú qué sabes de eso...? —le reclamé—. ¿Acaso te acostaste con mi padre antes de

casarte con él?

El rostro de mamá enrojeció por lo impertinente de la pregunta, pero no me disculpé. En

el fondo de mi ser albergaba, desde hacía varios años, una cuenta pendiente de cobro

para ella.

—Tú nunca me has hablado de sexo -continué- . ¿Por qué lo haces ahora'.' Siempre estuviste

ocupada en tu trabajo y yo crecí solo... Desde los catorce años me acuesto con mujeres y apenas

te enteras. He vivido más de lo que te imaginas y no vas a empezar a educarme ahora -sentí que

se me cortaba la voz pero seguí hablando—: la vida me ha golpeado duro. He madurado, pero

con mucho dolor. No tienes idea de cómo me hizo falta un buen consejo o un buen regaño a

tiempo...

Bajé la cabeza tratando de disolver el nudo de mi garganta. Mamá estaba estática, con los

ojos muy abiertos, sin saber qué decir.

—No has madurado como crees —contestó al fin—, y no has sufrido ni una décima parte de

lo que puedes sufrir... de lo que yo sufrí. Ignoro si el sexo fuera del matrimonio es correcto.

Sólo sé que eso echó a perder mi vida... y gran parte de la tuya.

Levanté la cara. Congoja y furia fueron reemplazadas por una señal de alerta casi de

inmediato. ¿Qué había dicho? ¿Es que acaso mi madre iba a levantar el velo de su oscuro y

enigmático pasado? Era el momento de hablar cara a cara, de decirnos sin reservas cuanto

habíamos mantenido callado durante años. Permanecí ansioso, pero ignorando aún que esa

noche sería la más inolvidable de mi vida.

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